La carrera de Medicina tiene dos características, contradictorias entre sí, que la distinguen de las demás. Por una parte, es la carrera más larga de todas con una duración de 6 años académicos. Por otra, es la carrera en la que menos preparado se sale para ejercer en su campo.
Pensemos que un ingeniero químico sale de la Universidad y ya está listo para desempeñar su trabajo. Ciertamente tendrá que familiarizarse con cuestiones menores, pero es perfectamente capaz de hacer las tareas propias de su profesión. Lo mismo ocurre con arquitectos, abogados, profesores, biólogos…Están listos para empezar a trabajar.
Con los médicos no. Todos tenemos claro que un Licenciado en Medicina no es un médico. Es necesario meterlo a hacer la residencia para que aprenda lo que le falta, olvide la parte de cosas inútiles que aprendió y en uno o dos años ya podremos empezar a hablar.
Resulta ridículo que en 6 años no haya tiempo para enseñar las cosas básicas. Y es que no hablamos de profundizar en la neuroanatomía o aprenderse todas las técnicas quirúrgicas. Hablamos de cosas como poner un vendaje o hacer una simple sutura.
Si preguntásemos cuántas veces se ha lavado en el quirófano de media un alumno de medicina, nos bastaría una sola mano. Y eso que hemos pasado semanas en los quirófanos. ¿Haciendo qué? De mirones, en una esquina y con suerte mirando en las pantallas para ver algo. A algunos afortunados les tocaba algún cirujano que se interesaba y les explicaba unas cuantas cosas.
La cuestión es que no tenemos una base consistente sobre el funcionamiento de un quirófano. En Fundamentos de Cirugía aprendemos las bases teóricas, pero otra cosa es llevarlo a la práctica. Es totalmente distinto empollarlo a estar en mitad de un quirófano y saber las cuestiones básicas: Personas que intervienen, funciones, protocolos de anestesia, de lavado, complicaciones… Cosas tan básicas como lo del verde claro y verde oscuro, para que no obligues al cirujano a mitad de operación a cambiarse de pijama; o contar el número de gasas e instrumentos para que no se quede nada dentro. Son carencias que pueden hacer que la fastidiemos a base de bien.
Sabemos 25 tipos de polineuropatías, y sabemos los defectos genéticos que dan mal pronóstico en los distintos síndromes linfoproliferativos, ¿pero sabemos qué hacer cuando un paciente ha tenido un accidente de tráfico?
Un médico debe saber actuar en los casos de urgencia: las quemaduras, los sangrados, las convulsiones…cualquier cosa que pueda pasar.
Un médico debe estar preparado para lo inesperado. Y no, no lo estamos. Salimos de Medicina como lo que somos, gente que hemos pasado media vida en la biblioteca , y jamás nos hemos manchado la bata o hemos corrido con ella puesta.
Todos conocemos la típica escena de “¿hay un médico en la sala?“, pero lo cierto es que no estamos preparados para afrontar algo así.
Ahora Ya no hablemos de accidentes de tráfico ni de muertes por infartos. Hablamos de algo tan simple como una herida que necesite un par de puntos.
¿Por qué no se nos enseña a suturar? Nos hablan en Fundamentos de Cirugía de los tipos de puntos y las clases de hilos y sus materiales, pero en ningún momento nos enseñan lo verdaderamente importante. Bastaría con comprar un plátano por persona, darnos hilo y aguja y dedicarnos un par de horas a enseñarnos algo que nos servirá toda la vida.
Y no es sólo las suturas. Hablamos de los vendajes, entablillados, de poner esparadrapo. Cosas simples que nuestras propias madres saben hacer mejor que nosotros mismos.
Y es que gran parte de las carencias que venimos nombrando tienen que ver con una confusión de conceptos que criticamos del pasado y sin embargo nosotros seguimos cometiendo sus errores.
La medicina no es el estudio de las enfermedades, sino del enfermo. No nos interesa el cáncer de pulmón porque sí, nos interesa porque mata a la gente. Nuestra labor como médicos es mantener a las personas lo más sanas posibles, y por tanto ellas son nuestro objeto de atención.
En la carrera parece que se olvidan de eso completamente. 50 asignaturas sobre enfermedades, patologías, lesiones…¿y qué pasa con el paciente?
Es el paciente con el que nos vamos a ver las caras, no con la enfermedad. Es al que hay que tratar, aconsejar, explorar, apoyar, comprender, diagnosticar…y la triste realidad es que no tenemos ni idea de cómo hacerlo.
Sabemos lo que es la diabetes, pero no sabemos cómo decirle al paciente que tiene diabetes. Sabemos todo lo que hay que saber de la depresión, y sabemos cómo se debe tratar un paciente deprimido, pero no sabemos cómo reaccionar delante de él. Sabemos las causas etiológicas que pueden causar un ataque de ira, ¿pero de qué nos sirve eso si un paciente se encara con nosotros?
Es de vital importancia cambiar ese enfoque en la carrera. Reflejarlo en los temarios de las asignaturas, o crear una asignatura expresa para ello, o hacer prácticas, pero hay que solucionarlo. Por nosotros y por el propio paciente.
Si tuviera que elegir la carencia más grave, sería la falta de ética . Porque un médico puede saber todo lo anterior, que si le falta la ética seguiremos en las mismas.
La ética no se reduce al aborto y a la eutanasia. Es parte intrínseca de toda la medicina y de nosotros mismos. No podemos ir recetando o actuando sin pensar en si consideramos que es correcto o no lo que estamos haciendo. Eso es una perversión del ser humano. Lo que nos caracteriza es nuestra moral, nuestro sistema de valores, y peor que tener un mal sistema es no tenerlo.
Y sí, uno puede tener una idea general de lo que cree bueno y lo que no: no matar, no robar, etc. Pero en la medicina hay demasiadas cosas grises y dudosas, y es importante que desde la facultad nos hablen de ella, las debatamos, las comentemos, que tengamos un juicio del tema.
¿Y qué es lo que hace la Facultad? Una asignatura cuatrimestral que se da en primer curso, cuando el estudiante apenas sabe la diferencia entre plano coronal y plano sagital. Esa es toda la ética que se nos enseña.
"Pero bueno, supongo para alguien será un consuelo saber que mientras podía haber estado aprendiendo a ser médico, que es lo que quería, me dedicaba a pasar el día en la biblioteca aprendiendo cosas tan útiles como técnicas en desuso y enfermedades históricas."
